domingo, 15 de mayo de 2011

I

El repugnante olor a cigarro inundaba la habitación del hotel, impregnado en cada centímetro de tejido. Las cortinas, las mantas, la alfombra, la almohada... todo apestaba horriblemente a tabaco; el humo parecía nublar mi vista. La cama estaba deshecha y las sábanas se revolvían entre mis piernas. Tenían vida propia. Medité la razón por la que el suelo estaba pegajoso; al lado de la mesilla se hallaba el causante de tanta untuosidad: una botella de whisky derramaba su contenido, empapando la alfombra.

Los nacionalismos: La mutilación de nuestra querida España

Llevo mucho tiempo con la intención de publicar un texto relacionado con los nacionalismos en nuestro país, y creo que ahora ha llegado el momento adecuado.



Desde hace muchos años, los problemas por los que atraviesa España no han cambiado, y como Generación del 11 no podíamos dejar de tratar uno de los más importantes: los nacionalismos.

Cataluña y País Vasco han estado exigiendo su independencia desde que la Primera República española, en lo poco que duró, les alimentó esa idea a base de falsas proposiciones de libertad. Hoy en día, el mal de los nacionalismos no ha desaparecido y azota nuestra sociedad con aún más fuerza si cabe.

Pero la realidad es que la idea de independencia de cualquier comunidad autónoma no solo es una utopía, sino que ataca el pilar más importante de la democracia de nuestro país: la Constitución de 1978. No creo que sea necesario explicar la inmensa importancia que sostiene tal Carta Magna en el desarrollo de España, pero sí voy a puntualizar que la Constitución ha sido lo que nos ha permitido dejar un longevo periodo de inestabilidad que parecía eterno, y encaminarnos hacia una democracia que, en su momento, parecía pura y soberana.
Estas embestidas a nuestro país no destruirán jamás su estructura externa, porque los españoles nunca permitiremos la amputación de nuestro país, pero está destrozando la sociedad española de manera que los más perjudicados acaban siendo los catalanes y vascos. Su continuo rechazo a España está recibiendo una reciprocidad indudable, pero a la vez una determinación por no querer hacer sus deseos realidad. Los españoles no queremos a los nacionalistas, pero tampoco los queremos fuera del país. Es una relación amor-odio que no nos lleva a ninguna parte, pues ninguna comunidad autónoma conseguirá jamás la independencia.
La Constitución de 1978 estableció un perfecto régimen de autonomías dedicado única y exclusivamente a solucionar de una vez por todas el problema de los nacionalismos. Pero a pesar de ser el remedio perfecto para la enfermedad, ni Cataluña ni País Vasco parecieron quedarse satisfechos. Y es que ha llegado un momento en el que ser nacionalista se ha convertido en una simple moda en las comunidades de la periferia; ya nadie sabe por qué quiere la independencia, solo sabe que la quiere. Por llevar la contraria, por agredir al sistema, por alimentar el odio y la destrucción. Los nacionalismos de hoy en día solo nos llevan a una espiral autodestructiva capaz de tragarse a España entera, Cataluña y País Vasco incluidas. 

En la Generación del 11 tenemos la necesidad de criticar fuertemente esta situación. Ahora, más que nunca, España necesita mantenerse unida y buscar un objetivo común. Yo estoy segura de que nadie quiere que nuestra larga historia termine en el suicidio de la sociedad. Si todos los españoles buscásemos aquello que nos une, en lugar de escarbar la tierra para profundizar en lo que nos separa, lograríamos enfocarnos en una meta universal que nos llevaría al progreso y al desarrollo. Lo único que hay que hacer es "amarse los unos a los otros", porque ya lo dijo un señor hace más de dos mil años, y seguimos sin hacerle caso.

Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, las dos Castillas, Cataluña, Madrid, Extremadura, Andalucía, nuestras preciosas islas... y así hasta nombrar todas y cada una de las Comunidades Autónomas que construyen este maravilloso país que es España. Todas tienen aspectos fascinantes. Estamos viviendo en un país con una riqueza cultural, histórica y paisajística realmente envidiable, y no sabemos apreciar las enormes ventajas que esto nos aporta. Porque Cataluña y País Vasco sin España no valen nada. Porque Cataluña y País Vasco son y serán siempre España. Aunque obtuvieran la independencia, y estuvieran geográficamente separadas, es imposible que dejen de identificarse con nuestro país. ¡Si incluso las colonias americanas siguen identificadas con la metrópoli, y se independizaron hace más de cien años!

La pena es que hoy nuestra Constitución no se respeta. Cuando el idioma oficial es el español, en Cataluña se habla catalán. Cuando la Constitución del 78 defiende la igualdad de los españoles, solo se pueden presentar a la PAU del País Vasco los vascos, porque los exámenes están en ese idioma, y no se pueden hacer en español. ¡Exijamos que se cumpla nuestra Constitución! Es lo único que queda para defender nuestra democracia, la Constitución es la voluntad del pueblo. Si no se respeta la voluntad de los españoles, esto difícilmente puede ser considerado una democracia.

Y es que siempre acabamos llegando al mismo punto: la Constitución de 1978 es un texto cuasi perfecto, que si se cumpliera, toda España viviría en una sociedad de paz y desarrollo. Aunque parte de ella es una utopía, la Carta Magna puede (y debe) ser respetada.

sábado, 14 de mayo de 2011

Manifiesto lírico de la minoría silenciosa

De sus fauces, invocación,
en orgullo nada empapado,
el ilustre y también osado
manifiesto, himno o canción.

A gritos, clamando viendo
la esperada sabiduría,
del futuro será cimientos
y del arte será vida.

Las arcas quedarán colmadas,
rebosantes de vida y alma,
de cultura y entendimiento,
de un oro con cruel fachada.

Ya sea prosa verso o voz
la venda será arrancada
de sus semiinertes ojos,
para querer nuestro país España.


Egos

jueves, 12 de mayo de 2011

Si Mahoma no va a la montaña... el teatro se apodera del Metro de Madrid

Y es que cuando los teatros se vacían, los actores saltan a la calle y se hacen con la ciudad. Durante unos escasos minutos, Madrid es solo suya.

Con el título de "Madrileños ilustres" me sorprendieron esta mañana dos jóvenes, que se habían apropiado de un vagón de Metro de la línea 6 para presentarnos a todos las más insignes personalidades madrileñas de la literatura, desde los siglos de oro hasta los siglos XVIII y XIX.

Con una teatralidad envidiable, y con unos trajes modestos pero acertados, estos jóvenes llevaron a las entrañas más profundas de la ciudad toda la esencia de la literatura y el teatro español de tal manera que incluso me planteé quedarme dando vueltas en la línea 6. Una pena que solo pudiese disfrutar del espectáculo una parada.

Señoras y señores, ¡¡ESTO ES LA GENERACIÓN DEL 11!! Así da gusto viajar por la ciudad. 

Nuestras más sinceras felicitaciones para estos dos jóvenes y mil gracias por acercar lo más maravilloso de nuestra literatura a todos aquellos que no quieren, o no pueden, disfrutar de ella en las tablas de Madrid.

martes, 10 de mayo de 2011

De los "Max" a la revolución cultural: tiemblan los ayuntamientos

El pasado lunes se celebró la decimocuarta edición de los premios Max a las artes escénicas en la ciudad de Córdoba, que se celebró con una atmósfera algo diferente.


Y es que todo surgió con naturalidad. A los pocos minutos de empezar, Miguel del Arco recibía el primero de siete merecidísimos premios por "La Función por Hacer": el de "mejor director de escena". Tras lo que todos creíamos que iba a ser un simple discurso de agradecimiento, y antes de abandonar el atril, no dejó el escenario sin dedicarle unas palabras a los ayuntamientos.

Agradeció profundamente a aquellos ayuntamientos que les pagaron fielmente, y recriminó a los que no solo le debían dinero, sino que ni siquiera parecían tener la intención de saldar sus deudas: "Si siguen sin pagar se acabará la fiesta del teatro". Y es que aquello no es calderilla; la deuda alcanza la friolera de cien mil euros. "Me paso el día denunciando esta situación porque vamos a llegar a la bancarrota si no nos pagan", desveló Del Arco en una reciente entrevista a "El Público".

Pero la gala de reivindicaciones no terminó ahí. Aitor Tejada, productor y ayudante de dirección de "La Función por Hacer", pidió a la Red de Espacios Escénicos Arteria que apoye también a las productoras y a los autores españoles: "Vamos mal, algo pasa, porque así no podemos continuar. Como socio de la SGAE me gustaría decir que Arteria debería apoyar también al teatro español, a las productoras españolas".

Pero puestos a pedir, la figurinista de "Nubes", Elisa Sanz, aprovechó para puntualizar la necesidad de la creación de una Academia de las Artes Escénicas, y recordó a la ministra de cultura: "que más importante es revisar las leyes ya existentes, que se revise la actual Ley de Propiedad Intelectual, para que todos podamos tener los mismos derechos que ahora solo tienen músicos, coreógrafos y autores de texto". 

 
En la Generación del 11 no podíamos ser menos, y nos unimos a la causa que defendió Miguel del Arco durante su discurso: "recordemos esto en las próximas elecciones municipales". 

"El Público" es tajante en sus declaraciones: "El Ayuntamiento de Madrid no paga sus encargos de actividades culturales desde el pasado mes de noviembre". Salvador Sanz, vicepresidente de Artemad, añade que "muchas compañías de teatro están desapareciendo o en vías de desaparición" por culpa de esa "morosidad".

Elena Vozmediano, presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo, también se une para denunciar la situación: "Está siendo un horror. La morosidad en el arte es altísima. Se hacen encargos de obras a artistas y no se pagan en dos años".

Las elecciones municipales están al caer, ellos ya se han pronunciado, ahora nos toca a nosotros. ¡Hagámonos oír! Por fin ha llegado el momento de poder ejercer nuestra democracia, que en estos momentos se tambalea como la que más, y con ello nos llega la oportunidad de denunciar todos juntos esta vergonzosa realidad.

¡¡No podemos dejar que nuestro propio gobierno se cargue el patrimonio cultural que en tantos siglos nos ha costado construir!!

Si la Transición democrática me lo permite, tomo prestado su lema para la campaña: "SI QUIERES DEMOCRACIA, ¡VOTA!

Días, noches y buena suerte.

El alba, es siniestra. El atardecer, ese glorioso ocaso al suceso previo, es temido.

La luz es ansiada por el ser humano tanto, como el aire peregrinador de nuestros pulmones. La oscuridad sin embargo, es repudiada. Cómo puede ser que a lo mas natural que existe, mas incluso que nuestros cuerpos mismos modificados continuamente asemejandonos más y más cada día y cada noche a un androide sin esencia. En el fin de los fines, hay oscuridad; en el fin de los confines de la tierra, hay oscuridad. Pero no hace falta irse tan lejos, mira, solo mira sollozante por la ventana de una cálida y anónima noche de las miles que pasamos impasibles. Entonces y solo entonces, te darás cuenta. Cierra los ojos vigilantes, baja la guardia soldado, en la oscuridad es el único sitio donde no encontrarás enemigo. Ideas equivocas nos han alejado de ella, dirigiéndonos a una luz blanca y radiante, a una luz de falsas promesas y felicidad, a una luz creada.

Buscamos constantemente, incesantes y exaustos la verdad, tanto, que incluso la apartamos para buscarla mejor. No somos capaces de ver mas allá de las estrellas, no somo capaces de ver mas allá de los ojos, no somos capaces de ver mas allá de un suave y seseante susurro. Idus de marzo, son ignorados, solsticios de verano son olvidados, nuevas lunas son obviadas. A pesar de todo que no falten las ganas teñidas de ignorancia ante una oportunidad de decir, que quede patente mi deseo ferviente de darte, amigo mio, la buena suerte.

Tony

viernes, 6 de mayo de 2011

Malvenido a mi país


"No podía creer que en una sociedad que había estado siempre basada en unos conceptos de democracia, de repente nos hubieran quemado la Constitución en las narices, y de un momento a otro todos nuestros derechos fueran destrozados. En las calles se respiraba más inseguridad conforme pasaban los días, y la inestabilidad del pueblo se hacía notar en cada esquina; la revolución estaba al caer, pero yo ya sabía que todos los esfuerzos de los ciudadanos por recuperar sus derechos serían inútiles. Toda la sangre derramada no sería nada más que una excusa, quizás una pequeña anécdota que el jefe de Estado contaría en millonarias cenas con sus personas de confianza. Las vidas perdidas no significaban nada. Si en algún momento el gobierno nos había considerado simples números que contribuían en la economía del país, en aquel momento no éramos nadie. No éramos nada. La vida humana había alcanzado un valor muy por debajo que el billete común; ya no existía la dignidad, y cualquiera que intentase defenderla, acabaría encarcelado o muerto."

-- o --

Esto es ficción. Un fragmento de un relato que escribí hace poco. Me dan miedo las últimas patadas a nuestra Constitución de 1978, y no me gustaría que aquello que escribí hace tan solo un par de días se convirtiera en realidad.

España ha pasado por mucho; su historia está llena de enormes baches de los que no debemos avergonzarnos, pero en los que no podemos volver a caer. Nuestro rey Juan Carlos se dejó el alma en su momento, con la ayuda de sus allegados, para hacer de la Transición democrática una realidad. No dejemos que esta democracia se vuelva contra nosotros.

"Democracia" significa, entre otras cosas, que el pueblo pueda ejercer su derecho a la soberanía nacional, amparado por una Constitución aprobada por él mismo, que protege todas sus voluntades. Esto es lo más parecido a la justicia que el hombre podrá conocer.
Pero aprobar leyes en contra de la voluntad del pueblo, sin respetar nuestra propia Constitución, es burlarse de todos los españoles, y sobre todo, reírse de la democracia que tanto nos ha costado conseguir.

Señoras y señores, ¡esto no es democracia! ¿Cómo va a ser democracia algo que va en contra de la mayoría de los españoles? Por ahora, lo más que podemos hacer es ejercer nuestro derecho al voto y aferrarnos al único indicio de "soberanía nacional" que nos queda. Es la única manera de hacernos oír de verdad. Utilicemos el único megáfono que nos han dejado para devolverle a nuestro país la democracia que tanto nos ha costado conseguir.